jueves, 16 de mayo de 2013

Patatas neutrales

Rosti de patata
Rösti de patata y queso, originalmente cargada por farandwell.


Música para acompañar (*)
(*) Todo un clasicote para una receta que hay que hacer con amor y sin prisas

¡Ay, las patatas! Ese alimento tan fundamental en las cocinas de todo el mundo, tan maltratado y tan criticado. Yo ya lo digo: no soy nadie sin ellas. Las puedo hacer cocidas, fritas, al microondas, asadas... y siempre quedan bien. Mi último descubrimiento fue el rösti. Y me encanta: yo, que me pierdo por coger las que más crujientes y doradas de la sartén cuando las frío... Además, esta receta tiene dos ventajas: ni da tanto trabajo ni 'chupa' tanto aceite. Hombre, light tampoco es, no nos engañemos.

La lista del súper:
- Dos patatas grandes
- Queso mozzarella rallado
- Perejil fresco picado
- Pimienta
- Sal
- Aceite de oliva
- Agua

Con las manos en la masa:
Pelamos la patatas, las cortamos a la mitad y las ponemos a cocer en un recipiente con abundante agua durante cinco minutos. Luego las sacamos, las refrescamos y las secamos. El siguiente paso en rallarlas. Para ello, nos valemos de una buena mandolina que nos facilitará la misión. Una vez hecho, le añadimos el perejil picado, la sal, la pimienta y el queso. Lo mezclamos bien y le añadimos una gota de aceite de oliva para que quede más jugoso.

Ponemos una sartén bien grande al fuego con unas cuatro cucharadas de aceite. Dejamos que caliente y echamos la mezcla tratando de dejarlo bien repartido, pero sin que quede grueso. Si fuera demasiado, lo haríamos en dos veces. Bajamos el fuego al mínimo, lo tapamos y lo dejamos hacerse por un lado unos quince o veinte minutos, hasta que se dore (ojo, hay que vigilarlo para que no se pase y se queme). Pasado el tiempo, le damos la vuelta como a una tortilla y dejamos que se haga por el otro lado unos diez o quince minutos, no más, hasta que se dore.

Notas al margen:
El rösti es un plato muy popular en Suiza, que fue donde yo lo probé por primera vez. Es una especie de tortilla de patata sin huevo que comían los agricultores en el desayuno. Hoy día se suele servir para completar platos de carne y verdura. Es una receta muy sencillo y humilde que, sin embargo, está delicioso si conseguimos dejarlo crujiente por fuera y jugoso por dentro.

Aparte de queso, también admite otros 'aditivos'. Por ejemplo, podemos mezclar la patata rallada con cebolla confitada o manzana cruda, lo que le daría un sabor más dulzón y una textura más cremosa. O rellenarlo con tiras de bacon o jamón. Para esto último, pondríamos la mitad de la patata en la sartén, añadiríamos la chacinería haciendo una fina capa y taparíamos con el resto de la patata. Lo demás, no variaría.

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