martes, 1 de octubre de 2013

Esponjoso de limón y... frambuesa



Música para acompañar (*)
Jack Johnson – Posters
(*) Me encanta la música de este surfero reconvertido #yoconfieso

Este fue el primer bizcocho que hice en mi flamante horno microondas. Qué emocionante fue. Tenía tantas ganas de tener uno que no paraba de mirar como subía la masa y se doraba. Además, mientras todo ello pasaba, aquello empezaba a oler para flotar hasta el infinito y más allá. Lo mejor de todo fue sacarlo. Cuando lo pinché y vi que estaba perfecto y precioso me sentí la reina del mundo. Igual os parece una exageración, pero no.

Fue tanta la emoción que ni le hice foto. No, no es que me lo comiera caliente. Es que, además, nos lo llevábamos a casasuegro porque nos invitaba a comer una paella hecha con sus manitas (a-lu-ci-nan-te, está hecho un cocinero) y ya nos quedábamos a dormir. Así que llevábamos el desayuno... O eso creíamos porque al final se convirtió en el postre junto con helado de café. Y hasta los sobrinos quedaron encantados: los niños no mienten.

La preparación, por cierto, es una pequeña variación de una propuesta de Directo al Paladar. En su caso era un bizcocho de moras, pero como yo ni tenía a mano, ni me gustan tanto (son más dulzonas y a mí me gusta la potencia de lo ácido), elegí frambuesas frescas. De todos modos, os animo a probar la original y, sobre todo, a trastear en el blog de Uno de dos, la auténtica creadora de la receta.

La lista de la compra:
- 175 gramos de mantequilla (buena) a temperatura ambiente
- 175 gramos de azúcar
- 200 gramos de harina
- 25 gramos de almendra picada
- Tres huevos
- 10 gramos de levadura (o un sobre)
- Ralladura de la piel de un limón
- Un cajita de frambuesas (unos 125 gramos)

Con las manos en la masa:
Con ayuda de unas varillas eléctricas, batimos la mantequilla junto al azúcar y la ralladura de limón hasta formar una crema. No nos costará mucho si la primera está a temperatura ambiente. Lo que no debemos hacer bajo ningún concepto es ablandarla en el microondas. No queremos sopa. Luego, agregamos los huevos: lo hacemos uno a uno hasta que se integren bien, es decir, añadimos el primero y batimos, luego el segundo y batimos, y después el tercero y batimos.

Pasamos la mezcla a un bol donde podamos trabajar con comodidad y amplitud. Añadimos la almendra picada, y la harina con la levadura tamizadas. Con ayuda de una espátula, lo integramos todo bien. Tenemos que lograr una masa suave y cremosa, pero con cierta consistencia. Una vez logrado, cogemos el molde donde vayamos a hornear el bizcocho y lo untamos con un poquito de mantequilla. Vertemos la masa con cuidado y sin llegar al borde (debe quedar entre cinco y siete centímetros) para que cuando suba durante el horneado no se derrame.

Echamos las frambuesas por encima, intentando que algunas de ellas queden semienterradas en la mezcla y lo metemos al horno previamente calentado. Lo mantenemos a 180 grados con calor arriba y abajo durante unos 45 minutos, aproximadamente. Lo sacamos cuando esté dorado y al pinchar con una brocheta por el centro salga limpio. Dejamos enfriar y desmoldamos.

Notas al pie:
Os aseguro que esta receta es indispensable. He hecho muchos bizcochos y pocos me han quedado tan esponjosos y jugosos a la vez, sin que se desmonten al cortarlos. Como bien dicen Uno de dos, la fruta que usemos puede ser la que más nos guste o esté de temporada. Así, podemos utilizar ralladura de naranja o de lima, en vez de la de limón, y cambiar las frambuesas o moras por cualquier otro ingrediente como nectarina, melocotón, grosellas... E incluso manzana (yo esto lo probaré en menos de lo que canta un gallo y lo veréis por aquí.

A la hora de comerlo, está delicioso en el desayuno o la merienda. Es un bizcocho gustosísimo para comer solo o para mojarlo en leche. Pero nosotros lo tomamos de postre, acompañado de helado. Increíble. En nuestro caso, era de café y nata (me encantó), pero imaginaoslo con uno de nata solo, o de vainilla... O de limón. Para quitarse el sombrero. En serio, tenéis que hacerlo.

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