martes, 31 de diciembre de 2013

Pipitas... y no hablamos de Higuaín

Panecillos de pipas
Panecillos de pipas, originalmente cargada por farandwell.

Música para acompañar (*) 
(*) Algo tranquilo para amasar con amor

Tengo esto abandonado desde... ¡octubre! No me lo puedo creer. Y no será porque no he hecho recetas y las he fotografiado después. Pues no puedo hacer otra cosa que pedir perdón y, como el Rey, juraos que no volverá a pasar. Pero de verdad. Bueno, me lo apunto como propósito para el año nuevo, ¿no? En fin, que vamos al lío, que hay pan. Y nunca mejor dicho.

Estaba cantado que en cuanto tuviera horno me iba a cansar de hacer este auténtico manjar. Porque el buen pan me encanta. Y no necesariamente con algo encima. Yo soy de las que comen pan con pan y son felices como perdices. Pero claro, encontrar una tahona con buen producto no es tan fácil por donde yo vivo. Las hay pasables y a precios razonables, y alguna estupenda, aunque algo cara, cuyas raciones son de kilo por lo menos... y para mí sola eso es demasiado, por mucho que lo congele.

Así que me he lanzado a la labor de hacerme mis propios bollos, que cuando son muchos tengo a bien compartir. Después de los de hamburguesas, que eran irresistibles, me he lanzado a estos de pipas. Son más sencillos y no llevan ningún tipo de grasa ni azúcar. Se parecen (o son) como el pan de toda la vida, pero con las semillas. Contundentes y con buena miga.

Y ya que me ha dado por publicar precisamente en Nochevieja, el ecuador de las navidades y cuando ya empezamos a estar 'jartunos' de comida (tengo pendiente publicar una receta de turrón de chocolate más fácil imposible), os deseo feliz año nuevo. No escribáis una gran lista de cosas que cumplir en 2014, mejor hacedlas cuando os nazca del alma y del corazón. Yo, por mi parte, seguiré corriendo, fotografiando y cocinando. 

La lista del súper:
- 350 gramos de harina de trigo fuerza (aproximadamente)
- 10 gramos de levadura fresca
- 215 mililitros de agua tibia
- 60 gramos de pipas peladas
- 5 gramo de sal
- Una yema de huevo

Con las manos en la masa: 
Diluimos la levadura fresca en cuatro cucharadas de agua tibia. En un bol grande, echamos la harina y hacemos un agujero en el centro. Añadimos el agua tibia y la levadura. Mezclamos un poco con ayuda de una espátula y añadimos la sal y las pipas (ojo, reservemos algunas para la decoración). Amasamos bien hasta obtener una mezcla homogénea.

En ese momento, espolvoreamos harina en la mesa de trabajo y echamos la masa. La trabajamos con las manos durante unos diez minutos, añadiendo harina si es necesario para que no se nos pegue (cuanto menos sea, mejor). Una vez la masa esté elástica, la depositamos en un bol y tapamos con un paño húmedo. Dejamos que leve durante una hora o dos. Tiene que doblar el volumen.

Pasado el tiempo necesario, cortamos porciones de peso similar y formamos los bollos con las manos. Los ponemos en una bandeja de horno con papel sulfurizado. Les hacemos un corte en forma de aspa a cada una. Batimos la yema de un huevo y pintamos las piezas con ella. Colocamos un puñado de pipas encima.

Las metemos en el horno previamente calentado a 190 grados y las dejamos unos 36 minutos. Han de quedar doradas por fuera. Si transcurrido este tiempo no tienen suficiente color, podemos dejar algunos minutos más, aunque vigilando para que no se nos quemen.

Notas al pie:
Una de las cosas más importantes de esta receta es trabajar bien la masa. Con ello 'despertamos' el gluten de la harina de trigo. '¿Y esto para qué sirve?', os preguntaréis. Pues muy fácil: el gluten es el responsable, junto a la levadura,  de la elasticidad de la mezcla y de que, luego, el pan quede esponjoso. Ojo esto no es lo que buscamos en todas las recetas, pero sí en estos bollos.

Por cierto, si os preguntáis si es necesario usar levadura fresca de panadero la respuesta es clara: sí. Ni se te ocurra probar con la liofilizada. El resultado no es el mismo y, además, tendrías que buscar la equivalencia en gramos, que yo no recuerdo exactamente cuál es.

Si os gusta el resultado pero no os emocionan las pipas peladas, también podéis hacer estos panecillos buscando el fruto seco que más os guste: avellanas, nueces o almendras picadas toscamente, piñones... O mejor aún, pipas de calabaza y semillas de amapola. Pero bueno, todo esto es cuestión de gustos. Aunque tampoco os paséis con las mezclas raras. Queremos algo comestible.

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