martes, 7 de enero de 2014

Roscón de Reyes

Roscón de Reyes
Roscón de Reyes, originalmente cargada por farandwell.

Música para acompañar (*)
(*) Mi villancico favorito, exceptuando los que cantan mi sobrinos, claro está.

Probablemente hoy tendremos todos empacho de dulces. Lo sé, pero tenía que colgar este. ¿Por qué? Porque es mi favorito de Navidad. Puedo prescindir de polvorones, mazapanes y turrones, pero no del roscón. Aunque solo sea un bocado. Es el sabor de mi infancia. Mis navidades huelen a naranja y a azahar. Además, estoy muy contenta de haberlo conseguido a la primera y haber triunfado (en casa, al menos, eso dicen, igual es que me quieren mucho).

Nunca hicimos ninguno casero. Y para ser sinceros, tampoco éramos fans del rosco 'normal' -como éste- sino de uno más hojaldrado, borracho y con un relleno muy particular: el de Pastelerías Vega, de Torrelavega. Aún hoy lo sigo extrañando, pero con el tiempo también me he dado cuenta que el tradicional no me gustaba porque o bien estaba relleno de nata (y no me gusta), o bien el bollo no era especialmente bueno.

Hace un año me quedé con ganas de hacer el mío propio, pero no tenía horno. Así que esta vez no podía dejarlo pasar. Y con el fin de semana libre me puse manos a la obra. Había leído muchas recetas (y cuando digo muchas, digo muchas). Y tras todas ellas tenía la sensación de que sería más complicado de lo que realmente resultó. Lo único que hace falta es paciencia y un reloj. Solo un consejo antes de empezar: hacedlo un día que tengáis libre porque yo empecé por la mañana y lo horneé a última hora de la tarde.

La lista del súper:
Para la masa madre
- 10 gramos de levadura fresca (de panadería)
- 70 mililitros de leche entera templada
- 130 gramos de harina de fuerza
- Una cucharada de azúcar blanquilla

Para la masa
- 450 gramos de harina de fuerza
- 70 gramos de mantequilla a punto pomada (a temperatura ambiente)
- 20 gramos de levadura fresca (de panadería)
- 60 mililitros de leche entera templada
- 25 mililitros de agua de azahar
- Dos huevos
- 120 gramos de azúcar glass
- Ralladura de media naranja
- Ralladura de medio limón
- Una pizca de sal

Para la decoración
- Naranja confitada (se puede hacer casera, con una naranja, 100 mililitros de agua y cinco cucharadas de azúcar blanquilla)
- Guindas escarchadas (rojas y verdes, si encontráis)
- Azúcar húmedo (azúcar con unas gotas de agua)

Con las manos en la masa:
Lo primero que vamos a hacer es preparar un azúcar perfumado. Para ello, mezclamos el azúcar lustre con las ralladuras de los cítricos. Y lo dejamos reposar mientras nos ocupamos de la masa madre. Desleímos los 10 gramos de levadura con los 70 mililitros de leche templada. Y añadimos la harina y el azúcar. Amasamos hasta que todo se mezcle bien y formamos una bola. Cogemos un bol de cristal y vertemos agua templada. Echamos la bola de masa madre dentro y dejamos reposar. En unos diez minutos, aproximadamente, estará lista. Nos daremos cuenta porque flota. Entonces la retiramos

En otras recetas, como la de Iban Yarza, la masa madre no se pone en agua templada (que acelera el proceso), sino que se espera tres horas a que esté lista, o incluso se deja en la nevera toda la noche, pero esto va al gusto o en función del tiempo que tengamos. Yo probaré a hacerlo un día así, aunque lo cierto es que con la que os cuento queda perfecto.

Cuando la masa madre está lista, nos ponemos a hacer la masa final. Ponemos en un recipiente todos los ingredientes: la leche con la levadura desleída, la harina, la mantequilla, el agua de azahar, la leche, los huevos, el azúcar perfumado y una pizca de sal. Añadimos la masa madre y amasamos bien. Si tenemos una espátula podemos ayudarnos con ella. 

Una vez que obtengamos una masa, la ponemos en la mesa, que habremos espolvoreado de harina, y amasamos con las manos como si estuviéramos haciendo pan. Debe quedar elástica y con los ingredientes bien integrados. Cuando lo hayamos conseguido formamos otra bola. La ponemos en un bol untado de aceite y la tapamos con papel filme, al que también podemos poner algo de aceite. Dejamos que leve unas cuatro horas a temperatura ambiente. Ha de doblar su volumen.

Pasado ese tiempo es hora de volver a meter las manos en la masa. Con ella, podemos hacer uno grande o dos pequeños, que es lo que yo hice. Voleamos la masa un poco para quitarle aire y formamos una o dos pelotas, según queramos. Hacemos un hueco en el medio con ayuda de nuestros dedos y poco a poco vamos estirando de él hacia los lados y hacia afuera para que adquiera forma de roscón. 

Lo más fácil es que una vez tengamos el hueco central, lo cogíamos en el aire y le vayamos dando vueltas para que la masa, con su peso, vaya haciéndolo más grande. Así nos aseguramos que no se nos va a romper la masa en un descuido. Debemos tener cuidado porque aunque no es difícil, es un proceso clave.

Cuando lo tengamos, lo colocamos en la bandeja del horno, sobre papel sulfurizado (el del horno, vaya), o una lámina de silicona. Si tenemos un aro de emplatar, un vaso o un cuenco del tamaño del agujero, lo aceitamos por fuera y lo colocamos en su interior (así nos aseguramos que conserve la forma) Tapamos todo con un paño de algodón y lo dejamos levar de nuevo durante dos horas. 

Una vez transcurridas las dos horas, quitamos el aro que hemos puesto en el centro. Con ayuda de un pincel de silicona, pintamos con huevo el roscón. Ojo, mucho cuidado para no pincharlo, porque se estropearía. Ahora es el momento de colocar la fruta confitada como más nos guste, y añadir montoncitos de azúcar remojado con un poquito de agua (húmedo, no empapado).

Lo metemos en el horno precalentado. Y aquí hay dos opciones: ponerlo a 180 grados durante unos 15-20 minutos; o ponerlo 10 minutos a 200 grados y el resto a 180. Hay que vigilar que no se nos tueste mucho por encima. Si esto pasara y no hubiera terminado el tiempo de horenado, abrimos la puerta, lo tapamos con papel albal y dejamos que se cueza normalmente. Luego, lo sacamos, lo dejamos enfriar sobre una rejilla y... ¡¡listo!!

Notas al pie:
Si has llegado leyendo hasta aquí puede que te preguntes si realmente es tan fácil como te 'vendía' al principio. Y la respuesta es sí. No es complicado, aunque sí laborioso. Y no tanto por el trabajo que da, sino porque requiere de tiempo y hay que esperara a que la masa leve hasta dos veces. Es decir, no te puedes poner ya con ello y tenerlo en una hora. Pero tampoco vamos a hacer un roscón todos los días, ¿no?

Roscón de Reyes

Si sigues el proceso al pie de la letra, difícilmente te dará problemas (salvo que te equivoques en las medidas o le pongas levadura instantánea en vez de fresca). Además, cuando lo pongas en la mesa para tu gente, quedarás como si tú fueras el rey mago favorito de cada uno de ellos. Es muy resultó y su sabor es inconfundible. Eso es cosa de los cítricos y, sobre todo, del agua de azahar, ahora muy fácil de encontrar en cualquier súper de tamaño mediano.

Si te gusta el roscón relleno no hay problema. Una vez que está frío, lo puedes partir a la mitad y ponerle nata. Puedes montarla tú mismo o comprarla ya lista. Esto es cosa de gustos. A mí me gusta tal cual, porque me gusta su textura, su olor... y porque no es nada empalagoso. Yo soy de las que lo mojan en leche o café y los disfrutan como una niña chica. 

También puedes ponerle figuras y el haba. Aunque has de asegurarte que ambas cosas soportarán el horneado. El momento para hacerlo es cuando le hemos dado ya la forma, lo ponemos en la bandeja y no ha levado aún. Así que si os gusta cocinar para los vuestros, no tenéis excusa para intentarlo. ¡Vamos!

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